Nuevas tecnologías, música y experiencia

15 11 2011

George Yúdice

Ed. Gedisa, 2007

106 páginas.

Reseña:

“Yúdice recupera un estudio etnográfico sobre el uso del walkman que reveló que los usuarios organizan y administran parte de su experiencia cotidiana mediante la selección y reproducción de música. La usamos para acompañar labores, deportes y ejercicio, alcanzar estados de ánimo, evocar u olvidar recuerdos y ,desde luego, para disfrutar de los sonidos que lo constituyen a uno como sujeto. Hoy el walkman ha sido sustituido por  reproductores de MP3 como el iPod, pero su función sigue siendo la misma, esto es, ser un dispositivo protético que proyecta y contorna el espacio personal del sujeto, permitiéndole llevar su propia “banda sonora” y haciendo del sujeto que la porta un nuevo tipo de flâneur, que no sólo mira las mercancías en los escaparates de la ciudad, sino que lleva su propio repertorio sonoro consigo.

Pero el que los usuarios del walkman o el iPod habiten una especie de universo propio consigo mismos y su “banda sonora” no quiere decir que no formen parte de redes de socialización vinculadas a la música. Para Yúdice, las mismas tecnologías que posibilitan este tipo de experiencia privada hacen posibles nuevas formas de interactividad, nuevas formas de fortalecer los lazos de afiliación y sociabilidad que conforman un nuevo tipo de experiencia colectiva. Fenómenos como You Tube o My Space son las muestras más visibles de esta dimensión social en un momento, el actual, en el que se produce, consume, comenta y comparte más música que nunca.

Para articular esta doble dimensión entre lo subjetivo y lo colectivo, el autor divide la experiencia musical enefectos sensoriales y efectos socio-afectivos.  Los primeros atienden a una concepción individual y psicológica del consumo de música y sirven a Yúdice para destacar la importancia de la sonoridad en elsensorium (conjunto de procesos de sensación, percepción e interpretación de información respecto del mundo). De este modo, el autor se opone a la prioridad de lo visual,  propia de toda una ideología implícita que ha jerarquizado nuestros sentidos otorgando un mayor valor epistemológico a la mirada. Reflejando y alimentando esta postura, lo sonoro ha sufrido una desatención académica que se convierte en flagrante al ser comparada con la bibliografía consagrada al estudio de la visión y de las imágenes como conocimiento. Este aspecto se ha visto cuestionado  en los últimos años, gracias a la gran cantidad de estudios musicales que han demostrado que la sonoridad es de igual o mayor importancia que la visualidad y que, en todo caso, los dos sentidos operan conjuntamente en nuestra relación con el entorno y en la configuración mental de la realidad. De ahí lo apto del término “audiovisual”, que haría justicia a la importancia de ambos sentidos para la experiencia.

Los segundos, los efectos socio-afectivos, atañen a lo social, rebasando la dimensión psicológica individual para atender a lo colectivo. Las nuevas tecnologías han cambiado la manera en que la música incide en la organización social y de la experiencia, desde los blogs hasta los chats, pasando por los portales y los sitios de socialización [social networking] como You Tube o My Space, esos nuevos espacios de “música paralela” son lugares de encuentro que conectan y crean redes de individuos. Se sitúan además fuera del ámbito de las majors lo que augura un cambio radical del modelo de negocio.

Para Yúdice, este cambio supone el paso del modelo empresarial o “modelo Music 1.0”, basado en una obsesión omnímoda por el lucro, al “modelo Music 2.0”, el cual entiende que la explosión de actividad en Internet, inclusive la descarga gratuita de música, como un fenómeno positivo. Si la gente intercambia archivos gratuitamente es simplemente porque les gusta la música y los artistas, porque disfrutan intercambiando y compartiendo sus experiencias, y no porque quieran causar daño. Son nocivos para los intereses económicos empresariales, pero en gran medida esto se debe a la falta de previsión de la industria musical, que no ha dado suficientes opciones a los usuarios para que se comporten de otra manera. Yúdice señala que el modelo Music 2.0 busca precisamente ofrecer esas opciones, al hacer partícipes y no meros consumidores a los usuarios, posibilitando otros modelos de negocio a los artistas. Unos modelos que reduzcan precios, que recurran a la sindicación como vehículo de promoción, marketingy distribución, y se diversifiquen a negocios no limitados a la venta o descarga de fonogramas. Ahí está el caso bien documentado por el autor del ex-Beatle Paul McCartney, que lanzó su último álbum, “Memory Almost Full” (2007), al margen de su antiguo sello EMI pues le pareció que las majors ya no entienden el mercado (“parecen dinosaurios discutiendo acerca del asteroide”), dando lugar a una de las innovaciones comerciales y de marketing gratuito más ingeniosas de los últimos tiempos.”

Texto extraído de Revista Transcultural de música

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